APRENDEMOS A ACEPTAR LA REALIDAD SIN ENTRAR EN LA JUSTICIA

Publicado: abril 28, 2010 en Uncategorized

Hace ya tiempo experimenté un sentimiento que yo misma provoqué con la incesante sensación de injusticia que invadía mi cuerpo y mi mente en ese momento. Aquella experiencia me enseñó a conocer mucho sobre la importancia y control que los demás ejercían sobre mí. Os diré qué fue lo que ocurrió y cómo puedo conectarlo con lo que supone “la búsqueda de la equidad” en las relaciones sociales.

Después de una larga relación con mi ex pareja, quién hasta ese momento tenía un significado muy importante en mi vida, llegó el día en el que nuestra relación terminó. La decisión no fue mía, e incluso fue para mí inesperada. El tiempo y las “casualidades” de la vida hicieron que llegara a mi conocimiento algo para mí insospechado: “había aparecido otra persona en su vida y se había vuelto a enamorar”.
Desde ese instante, hasta que logré aceptar la realidad, no dejé de repetirme: “¡No es justo!”. Esa era mi monótona queja con la que me autodestruía.

Lo que hacemos para poder considerar algo como injusto es compararnos con los demás, pues nuestra mente funciona en esos momentos con pensamientos como el de: “Si ellos pueden hacerlo, yo también”.

En los momentos en los que juzgamos lo que es o no justo, cuando lo que sucede dentro de nuestra realidad nos afecta y nos genera la necesidad de adaptarnos a lo que las decisiones de los otros nos producen como cambio, lo que hacemos es determinar lo que es BUENO para nosotros basándonos en la conducta de los otros. Y es en esos instantes en los que dejamos que sean los demás los que gestionen nuestras emociones.

Cada vez que nos comparamos con otra persona, usamos el juego de “no es justo” y nos trasladamos desde nuestra postura de confianza y seguridad en nosotros mismos al pensamiento externo que dirigen los otros. Es decir, la búsqueda de equidad nos hace consentir que el comportamiento de los demás sea para nosotros más significativo, más importante que el nuestro.

Personalmente pienso que existe un modo con el que afrontar y gestionar con éxito las situaciones que se generan por las consecuencias que resultan de las decisiones de los demás, lo que hace que estas influyan en nuestras emociones, de manera que afecten en nuestra seguridad y confianza personal; así como a nuestro autoconcepto. La clave de la que hablo está, desde el aprendizaje que he adquirido gracias a mis experiencias, en pensar y decidir por lo que realmente queremos y necesitamos, buscando los distintos modos que tenemos a nuestro alcance para lograrlo, independientemente de lo que el resto del mundo quiere o hace. Pero por supuesto, es imprescindible aceptar la realidad tal y como se nos presenta, sin ignorar la responsabilidad que tenemos sobre nosotros mismos y justificando nuestra inmovilidad de reacción (si así lo decidimos) sin transferir la responsabilidad de la misma a aquellas personas o a aquellos hechos que no son JUSTOS.

A lo que jugué en aquella ocasión, frente a la ansiedad, enfado y frustración que la decisión de mi expareja me provocó, lo definí desde aquel momento como un mecanismo de defensa con el que, por medio del comportamiento de otros, trataba de justificar la sensación de inseguridad, de desconfianza y malestar que manifestaba en mi interior al experimentar el cambio y la realidad de lo que en aquel momento esa decisión me suponía.
Cada uno realiza la búsqueda de la equidad en momentos y situaciones distintas pero en todas el sujeto que busca se siente incomprendido (siente que no se le tiene en cuenta) y esa sensación es la que le hace reaccionar. ¿Pero de qué depende el sentimiento de inferioridad que manifiesta cada sujeto? ¿Influyen las experiencias pasadas en la predisposición y reacción ante las consecuencias que generan las conductas de los otros? ¿Y de qué dependerá esa influencia?

No todos entendemos lo mismo por los términos “correcto” o “bueno”; ni tampoco valoramos del mismo modo a una misma cosa, ya que cada uno le da la importancia y el significado que para él tiene, según su perspectiva o manera de entender el mundo. Pero todos necesitamos sentirnos parte del compromiso o relación que mantenemos con las personas, sintiéndonos correspondidos y valorados. Es por eso por lo que caemos en la trampa de medir lo que vivimos como “justo” o “injusto”.

En fin… DEBEMOS DESHACERNOS DE LA NECESIDAD DE COMPARARNOS CON OTROS USANDO SUS POSICIONES Y POSESIONES COMO INSTRUMENTOS PARA MEDIR NUESTRA FELICIDAD.

No olvidéis que:
LO QUE NOS DA LA FELICIDAD ES LO QUE NOSOTROS HACEMOS POR CONSEGUIRLA

UN BESOTE PARA TOD@S

PATRICIA

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comentarios
  1. Carmen dice:

    ¡Hola Patri!:

    El día que descubrí que el mundo no era justo me quité muchos pesares de encima y al mismo tiempo me invadió una terrible desilusión hacia el utópico mundo que me había creado. Mi padre era abogado y cuando yo era adolescente me encantaba pasarme por su despacho en el que había una impresionante biblioteca, sentarme allí, hojear los libros,… la biblioteca era un espacio vetusto de un edificio antiguo, oscuro, acogedor, íntimo, anexo a su despacho. Yo iba algunos viernes, saludaba a mi padre y a su socio que estaban allí viendo cómo resolver algún caso, y me metía entre los libros hundida en un extraordinario sofá tipo Chester que me acogía silencioso. Nunca cerraba la puerta, la dejaba entreabierta y escuchaba de fondo, como en un run-run, la conversación que de fondo mantenían mi padre y su colega, hasta que había algo de lo que escuchaba que me ponía alerta. Entonces entraba y les preguntaba por qué. Y una vez que me explicaban los por qué de alguno de los casos, muy didácticos ellos, yo decía: No es justo! No es justo que defendáis a gente con ese comportamiento hacia los demás, no es justo que defendáis a alguien que ha hecho tanto daño, no es justo que nadie se pare a pensar qué le pasó a esa persona para que en su reacción cometiera ese delito, no es justo… Entonces, el socio de mi padre me miraba, sonreía y me decía: ¿por qué no te haces psicólogo criminalista? Creo que te gustaría. Después me invitaban a merendar y sonreían ante la decepción que el mundo de la justicia iba creando en mí.

    Así que una vez descubierto que el mundo no es justo, lo de los amigos, las parejas, nuestros micromundos, pues un poco en la misma línea.

    Porque Patri, aunque intentemos huir de lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto e intentemos no compararnos con los demás y tantas otras cosas, cuando median los afectos… lo “malo”, lo “injusto” y los “pero qué tiene esa que no tenga yo”, nos asaltan porque ahí están los dolores de las pérdidas que no por entendidos y asumidos dejan de doler (a veces, cuanto + asumidos y entendidos + intenso es el dolor, aunque dure – tiempo). Y fíjate lo que pienso, creo que puede llegar a ser aún + doloroso cuando la decisión la tomamos nosotros y no el otro, porque encima lleva la carga de la responsabilidad.

    Caminando hacia tu título: Aprendiendo a aceptar la realidad sin entrar en la justicia (bueno, a mí me gustaría + “Aprendiendo a construir nuestra realidad sin…)

    Un beso,
    Carmen

  2. Carmenchu dice:

    Hola:

    De los debes a la justicia…

    La justicia ,ese si es un concepto ,amplio y maniatiado.Unido al tema del poder, de las manipulaciones.De sumisos , y lo PEOR DE OPRIMIDOS, esos si que saben cual es el verdadero concepto de la JUSTICIA, lo vivencian día tras día…

    Me estoy conectrando con la Virginia Satir que llevo dentro…¿ debo o no debo ? ¿ es justo e injusto en este post ?…

    TOCA SER, y así ELIMINAR TENSIONES…¡CREANDOLAS PARA ALQUMIARLAS DESPUÉS…¡

    No hay victimas ,sin verdugos…NI DICTADORES SIN SOMETIDOS….

    pd: ¡ Aquí me huele a algo nuevo por venir….¡ ¡TOCA EL PÍANO Y SALDRÁ LA MELODÍA¡…¡QUÉ WAY…¡¡QUÉ WAY…..¡

    Un beso libre

  3. Paloma dice:

    Hola Patri

    Parece que estás elaborando una experiencia significativa en tu vida para integrarla de una manera más distante y serena, de lo que pudiste hacerlo cuando se produjo ¿ me equivoco?

    En cualquier caso, partiendo de qu todo es más complejo de lo que parece siempre me ha costado definir que es lo que está bien y qué lo que esta mal. A veces me muevo en esta ambivalencia por ejemplo con temas que me muestran la cruda realidad como los pederastas, los violadores, la pena de muerte, la creencia en la reinserción. Estos temas no termino de cerrarlos nunca dado que si me coloco en el papel de la madre del violador puedo enterder una cosa y si me coloco en el papel de la madre de la violada otra muy distinta, te lo aseguro.

    Cuando reviso mi sentido de justicia siempre salgo mal parada y el reparto nunca es equitativo si lo hago objetivamente o subjetivamente. Mira Garzón…¿es vícitma o verdufo? depende de quien lo juzgo y los argumentos que se quieran resaltar.

    Asi que, bajo mi punto de vista más que tratar de construir otra etiqueta que me enganche y me obligue a permanecer en ella cada vez que sale el tema esgrimiendo argumentos de última hora para sentirme coherente con mi criterio de elección, más allá de eso miro desde que parte de mi estoy tratando de ser justa
    ¿desde mi visceralidad? (Me dan asco los violadores
    ¿desde mi emotividad? (Alguien a quien amo es un violador y la decepción se apodera de mi haciendome olvidar que cuando no lo sabía había algo bueno en esta persona que me hacia mantener la relación:::)
    ó ¿desde la racionalidad? Todos los violadores deberían estar muertos. Mi hijo es un violador. Mi hijo debe estar muerto.

    Aún así no creas que me aclaro demasiado( y sobre este tema casi que toco madera : ( ;me cuesta mucho generalizar. Creo que de manera prudente mirando todas las respuesta podría definirme por alguna posición más tarde´o más temprano pero en mi interior subyace la idea de que el sentido de justicia es tan subjetivo que sobre un mismo caso pueden darse dos veredictos muy dispares.

    Me voy a por mis hijos al cole …ya seguire, no sería justo dejarles solos en la puerta del colegio por terminar este post

    Besos

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