Rompiendo la barrera de los “debes”

Publicado: abril 25, 2010 en Uncategorized


Ojeando y leyendo otros blogs he decidido indagar y explorar sobre lo que significa en mi vida la “deberización”. Dicho término designa la tendencia que, como ser social, tengo a incorporar los “debo” en mi vida.

Tod@s “deberizamos” cuando actuamos como sentimos que debemos hacerlo, pero en ciertas ocasiones actuamos de un determinado modo según lo que la sociedad o el grupo en el que nos encontramos piensa que debemos hacer,esperando una determinada conducta ajustada a las normas que rigen y definen un determinado contexto y/o situación. Aunque ¿estamos siempre de acuerdo con hacer lo que se espera de nosotros? ¿Cuando y cómo atendemos a lo que somos para responder según nuestras propias reglas a las situaciones y experiencias que vivimos?

Esos “debemos” y “deberíamos” nos producen una sensación de tensión que aumenta a medida que tratamos de actualizarlos dentro de nuestro repertorio de comportamientos. Pero esa tensión se manifiesta más intensamente debido a la exteriorización del proceso interno que hacemos sobre lo que debemos o no hacer en una determinada situación, lo que siempre contribuye a la generación de perturbaciones y conflictos en las relaciones humanas de una u otra manera.

Lo que nos produce esa limitadora tensión es sentir la imposición de los “debes”, pues en muchas ocasiones en las que se nos imponen preferimos usar otro comportamiento para responder a la situación que se nos presenta, y la sensación de no poder responder como queremos nos hace generar tensión.

Y lo cierto es que nadie nos tiene que castigar por no ser lo que piensan que debemos ser.
Cada uno es libre de ser lo que decida y quiera ser en todo momento; y los “debes” sólo son etiquetas que condicionan nuestra conducta y nuestra forma de ser (aunque no de pensar y de sentir), y nos cohiben negándonos nuestra libertad de responder con responsabilidad a nuestras experiencias siendo como queremos ser, respondiendo con nuestras decisiones mediante nuestras propias normas basadas en nuestra forma de sentir y de pensar.

Nuestra cultura nos enseña que es malo desobedecer, que no debemos hacer nada que vaya en contra de lo reglamentos y las normas. Pero lo importante para mí, es poder distinguir por nosotros mismos cuáles son las normas que funcionan en los determinados contextos, y cuáles pueden romperse sin perjudicar a los demás ni a nosotros mismos.

Pienso que uno no tiene que ser siempre como el ambiente cultural que le rodea espera que sea. Si soy como soy y siento que soy incapaz de ser de otro modo, quiere decir que soy de veras una “seguidora”. Como Tim Ingarfield dijo durante la sesión que tuve el placer de experimentar la semana pasada sobre el liderazgo, definirme como “seguidora” significaría que soy un miembro del grupo, de la sociedad que permite que los demás determinen su camino.

Vivir NUESTRA PROPIA VIDA implica flexibilidad y repetidas evaluaciones acerca del funcionamiento apropiado que hacemos de las normas en cada momento y situación que experimentamos. Es cierto que a menudo es más fácil seguir, más fácil hacer ciegamente lo que nos mandan; pero cuando nos damos cuenta de que la norma está para servirnos a nosotros, y NO para hacernos sirvientes, es cuando empezamos a eliminar ese comportamiento “deberizador” del que os hablo.

Un pensador como Ralph Waldo Emerson dijo en “Éticas literarias”:

“Los hombres muelen y muelen en el molino de un axioma y lo único que sale es lo que allí se puso. Pero en el momento mismo en el que abandonan la tradición por un pensamiento espontáneo, entonces la poesía, el ingenio, la esperanza, la virtud, la anécdota ilustrativa, todo se precipita en su vida”.

¡Uff! ¡Qué pensamiento más hermoso! ¿Verdad?
Sin duda DEBEMOS ser los jueces de nuestra propia conducta y aprender a confiar en nosotros mismos para tomar las decisiones de cada momento presente que vivimos.
Dejemos de buscar en las tradiciones y en las normativas de toda la vida la respuesta adecuada, pues cada uno decidimos lo que es apropiado para nosotros siendo conscientes de actuar sin complicarles ni dificultarles las cosas a los demás con nuestras decisiones.

CANTA TU PROPIA CANCIÓN DE FELICIDAD DE LA MANERA QUE ESCOJAS CANTARLA, SIN PREOCUPARTE NI IMPORTANTE CÓMO SE SUPONE QUE DEBE SER.

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comentarios
  1. Carmenchu dice:

    Hola:

    Hace tiempo que aprendí y lo sigo en práctica, sobre todo de cara a hablar o dirigirme a un niño, también a los adultos, pero mi prioridad, por “chiquitos “, está más, en los primeros.

    ” SUSTITUYE EL DEBE POR EL PUEDES”..del peso de la moral que todos llevamos con fuego grabado, al de la libertad, (que no el libertinaje.)

    No es lo mismo decir:

    “Deberías haberme avisado” a “podrías haberme avisado”.

    Buena reflexión, me encantó,.Te la cambio por algo que puedo hacer , aunque igual no deba..,¡YA ESTÁ AHÍ EL MALDITO DEBES¡…ja,ja

    1 besazo.

    PD: ya te aporto más, cuando el tiempo lo permita.

  2. Carmen dice:

    ¡Ah! Patri, no sé si debo pero sé que no quiero ser juez de mi propia conducta ni de la de nadie. En el juicio propio a veces salimos muy malparados porque en él se sentencian conductas y la sentencia es una palabra que me pesa como una losa, me suena a inamovible y lo que no puede moverse me produce inquietud.

    El debe tiene una dirección en un único sentido y, si inviertes el sentido, surge lo que no debes. Se produce una dicotomía que además suele coincidir peligrosamente con lo que está bien y lo que está mal y nos olvidamos de que la mayoría de las cosas no están ni bien ni mal, que pudieron comenzar con una buena finalidad y no llegar a término o por el contrario tuvieron su origen en un mal pensamiento y evolucionaron en una dirección + positiva.

    Quizá este sea un problema mio que casi nunca sé lo que debo hacer y cuyo origen a lo mejor sea que viví en un entorno en el que todos sabían lo que yo debía hacer (menos yo, que navegaba en el desconcierto de preguntarme por qué a los demás les resultaba tan sencillo algo que para mí era tan complejo). Y tampoco sé, y perdona Patri mi ignorancia, si debo elegir lo que es adecuado para mí, porque lo adecuado a lo mejor no es lo que quiero y entonces me da igual que sea lo que debo.

    Pensar que mi futuro programado desde chiquitina (por los demás) era ser juez… me pone los pelos de punta. Menos mal que no hice lo que “debía” hacer; menos mal.

    Un besazo,
    Carmen

  3. Alejandro dice:

    Hola

    En ciertos modelos lingüísticos aplicados al arte del cambio terapéutico, lo que mencionas se denomina como “operadores modales”, en cierta manera limitan la extensión de lo que hacemos o no hacemos. Tener que, haber de son los más conocidos.

    No tendremos tiempo pero haz el siguiente juego, reflexionando cada frase:

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    Quiero comentar los comentarios recibidos.

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    Mismo fenómeno, pero ¿misma experiencia?

    Hay una secuencia en las frases, ¿la pillas?

    Para mi todas son útiles, y todas son limitadoras, dependiendo del contexto específico en el que se usen. ¿Encontrarías excepciones y momentos oportunos para ellas?

    Más que eliminar creo que es mejor comprender cada una de ellas, sus ventajas y sus limitaciones. Al fin y al cabo son juegos lingüísticos en los que entramos, juegos que hemos aprendido por pertenecer a una comunidad lingüística determinada.

    Y otra cosa, con Tim exploramos procesos de liderar y seguir con uno mismo u otros (activa y/o pasivamente, atendiendo a uno mismo, otro, contexto). Cómo nos hablamos a nosotros mismos y a los demás forma parte de ello.

    No es que asumamos un rol, de nuevo nos fijamos fácilmente en los extremos y perdemos la relación que los une. Y no se trata de ver los aspectos estáticos como los roles o las personas que los representan, sino los procesos que los hacen posibles, pero eso es más difícil de notar, ; ), no estamos acostumbrados a hacerlo.

    Y ah… buena descripción de un estadio moral postconvencional, según Kohlberg.

    Me gustó mucho la cita de Emerson.

    Un saludo

    Alejandro

  4. Patricia dice:

    ¡Hola Alejandro!

    Es cierto que usamos distintos juegos linguísticos para describir e identificar lo que hacemos en cada momento según es la circunstancia y el contexto al que respondemos. A veces el no saber usar los juegos linguísticos para expresar los procesos y estados que definen nuestras prioridades en un momento determinado, hace que aparezca la tendencia que tenemos por dicotomizar la elección de nuestra conducta en términos de “bien” o “mal”.

    Pero cualquier decisión que tomamos puede traernos algo diferente, y quizás nuestra necesidad de encontrar la respuesta más adecuada tenga que ver con la búsqueda de seguridad ante el miedo a lo desconocido.

    Los distintos usos que las personas damos a los “debes” pueden dar lugar a discusiones, que se convierten inevitablemente en competiciones que dan el siguiente resultado: “uno de los involucrados tiene que tener la razón y es el “correcto”, y el otro está equivocado y es el “incorrecto”.

    Ese es para mí uno de los problemas más complicados de resolver, es decir, las distintas influencias que el valor que cada persona le da a sus razones por las que actúa, tienen dentro de las relaciones sociales.

    Las personas son diferentes y ven las cosas desde perspectivas distintas; del mismo modo que atienden y valoran su mundo de diversas formas, pero todas son las “válidas” y “correctas” para cada una de ellas.
    Si una persona tiene forzosamente que tener la razón, el único resultado posible de su relación con los demás es la ruptura de la comunicación. Esto me ayuda a entender el origen de cierto tipo de conflictos relacionados con los procesos de atribución que hace cada sujeto sobre lo que le rodea, provocando situaciones en las que se generan ciertas discusiones al entran en contacto atribuciones enfrentadas y opuestas.

    Como bien dices, y entendiendo lo que me planteas con el juego lingüístico, todas las respuestas verbalizadas que uno decide dar, son siempre útiles; pues tomar una decisión es simplemente una cuestión de pensar cuales son las consecuencias que preferimos experimentar en un momento presente determinado. Y los juegos linguísticos como “debo hacer”, o los que tú me señalas, son herramientas lingüísticas que hemos aprendido dentro de nuestra sociedad para aludir con ellos a las consecuencias que pretendemos obtener con nuestra conducta.

    Quizás no deba negar ni eliminar los “debes” de mis producciones conductuales y/o verbalizaciones, quizás sólo tenga que aprender de ellos cuando deba usarlos en determinados contextos y situaciones…pero lo cierto es que son un modo de identificar lo que mis principios y normas morales importan bajo mi manera de ser, es decir, cómo priorizo y doy valor a las situaciones reaccionando a ellas según mis propios principios y normas, de manera que sea capaz de adaptarme a las exigencias de cada contexto.

    ¡Muchas gracias por aportar y compartir!

    Un Besote

    PATRICIA

  5. Carmenchu dice:

    Hola:

    Qué curioso, tu escrito, CUANTAS INQUIETUDES JUNTAS..Y LO QUE ME SUSCITAN…

    Un peso abrumador el de las palabras, cierto claro- oscuro.

    Mencionas:
    -debes; normas; castigos; y jueces ente otras.
    -libertades; sueños; liderazgos…CANCIONES
    – El título : SALTANDO LA BARRERA DE LOS DEBES..

    Genial esa frase de Emerson, desconocida para mí ¡gracias¡….
    Emerson está viendo en EQUILIBRIOS, se masca en el lenguaje que usa con precisión.

    Me pregunto : ¡Si salto esa barrera ¡….¿ me encuentro con otro DEBE diferente ?¿ qué hay tras el muro ? ¿ Quién lo decide? ¿Cómo lo hago?
    ¿ Cuándo oso y por qué?…

    Me ha tocado , estas preguntas que me ha GENERADO, tu reflexión…
    Voy a descubrirlo para seguir CRECIENDO..POR OTRO NUEVO CAMINO…¡ GRACIAS POR ELLAS ¡

    1 Beso

  6. Patricia dice:

    ¡Hola Carmenchu!

    ¡Me alegra saber que mi reflexión te suscita tantas ideas y tantos pensamientos!

    Los “debes” están en boca de todos. Los utilizamos usando nuestras perspectivas y visiones personales de la realidad; pero también, a veces, vienen impuestos por muchos contextos. La clave está en aprender a utilizar lo que nos aportan y lo que nos influyen a cada uno dentro de cada situación o vivencia a la que respondemos o reaccionamos.

    Pienso que lo que te cuestionas respecto a lo que te sugiere el post es muy interesante, y me ayuda a comprender y explorar mejor.

    ¡Gracias por aportar!

    Un besote muy grande!!

    PATRICIA

  7. Patricia dice:

    ¡Hola Carmen! el comentario que dirigí hacia Alejandro también trataba de responder a lo que tú planteabas en tu aportación.

    Pero quisiera compartir una de mis mejores reflexiones personales para tratar de conectar las ideas que me sugerían tus palabras:

    “A veces lo que decidimos hacer, es decir, el camino que decidimos tomar no es el que queremos, sino el que necesitamos”.
    Como bien dices, no siempre lo que cada uno consideramos como “adecuado” es lo que queremos elegir pero, en esos casos quizás, valoraría la necesidad que siento hacia el logro de lo que supondría el posible efecto de mi conducta. Es decir, ¿necesito conseguir las consecuencias que ese comportamiento me generará?

    Espero que me hayas entendido ;D

    Un besote
    PATRICIA
    PATRICIA

  8. Carmen dice:

    Entendido, Patri 🙂

    Verás lo que pienso sobre lo que necesitamos. Camino buscando distanciarme lo + posible de la imposición para ir acercándome a la decisión. En ese recorrido, me viene muy bien la secuencia del profe: desde lo que TENGO QUE HACER hasta lo que HAGO.

    ¿Por qué madrugo? ¿tengo que hacerlo? Si me planteo esto cada mañana, voy organizando unos porque… que me conducen a entender el por qué lo hago: porque quiero aprovechar el día, quiero hacer cosas que me gustan o necesito hacer, porque he adquirido un compromiso con algo o alguien y quiero cumplirlo, porque me quiero conceder un deseo, porque… lo que sea. Entonces doy la vuelta a la consecución: ¿Y si no aprovecho el día, no hago lo que me gusta o lo que necesito hoy, incumplo mi compromiso previo o no me concedo el deseo? Me siento mal. ¿Quiero sentirme así? Noooo! Vuelta entonces para atrás: madrugo. Y entonces madrugar pasa por una decisión personal, no tanto por una imposición ni por una necesidad.

    “(…), ¿necesito conseguir las consecuencias que ese comportamiento me generará?” te preguntas. Y otra vez entra en juego la necesidad. Y ahí es donde yo discrepo porque cuando me paro a pensar en los procesos que sigo para la consecución de las cosas, creo que la necesidad no juega un papel tan importante o no quiero yo que lo juegue. Porque si necesitamos muchas cosas nos vemos obligados a realizar muchas otras en el proceso de cubrir las necesidades. ¿Y si no lo conseguimos, qué pasa con nuestra necesidad, se queda sin cubrir? A lo mejor es que no hacía falta cubrirla, a lo mejor es que la necesidad no era tan “necesaria” 😉

    Un beso,
    Carmen

    PD: muchas gracias por ayudarme a entender mejor las cosas.

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