Para TI, Celia

Publicado: abril 20, 2010 en Uncategorized


“Empatizar” ¡qué palabra tan significativa y potente! Una palabra que pone nombre a la experimentación de las emociones que siente el otro, pero ¿cómo conocemos su significado?

Comenzaré contando una experiencia que hace a penas 1 hora he podido protagonizar. Después de la clase de evaluación de centros tenía la oportunidad de asistir a una conferencia sobre “evaluación por programas”, pero debido a la necesidad que me invadía por atender a lo que en ese momento priorizaba mi mente, he decidido dirigirme al patio de la facultad con la intención de poder estar a solas y en silencio.

Al salir fuera, frente a la mesa de madera que se encuentra en el medio del patio, he visto a una chica que aparentemente parecía estas abducida por el contenido del texto que tenía delante. Caminando hacia esa misma mesa iba pensando en lo que me había hecho llegar hasta allí, en lo que sentía y me inundaba el pensamiento.
Al llegar a su altura la saludé y me senté a su lado diciendo:
– ¡Hola, he venido a acompañarte!
La muchacha me sonrió sin decir ninguna palabra.
Tras lo que percibí con el gesto que emitió decidí comentarla el motivo que hacía que estuviese allí en ese momento: la tranquilidad que ese espacio me transmite me dejaría explorar la experiencia de leer un texto atendiendo con calma y consciencia a las emociones que emerger de su significado, tratando de evadir así el pensamiento que me había llevado a necesitar disfrutar de aquel momento.

Tras entender la importancia que yo le daba a aquel espacio, y lo que significaba para mí ese momento en aquel lugar; la muchacha me explicó el por qué ella había decidido estar allí, en aquella mesa frente a un texto sobre “atribuciones”. Comenzamos a hablar de lo que nos relacionaba dentro de aquella situación perteneciente a un contexto universitario, comenzando la conversación compartiendo las impresiones que nos habían generado las asignaturas de esta carrera según había sido nuestra experiencia y contacto con ellas.
Y fueron los “juicios de valor” los que iniciaron nuestro contacto, los que nos facilitaron conectar nuestros puntos de vista y formas de atender a los procesos que nos exigían para explorar y utilizar en cada materia. Pero después de mi reflexión me he dado cuenta de que no fuí del todo consciente al usar, como lo hice, el valor y significado que para mí tiene cada asignatura ni tampoco del uso que le dí a mis experiencias y emociones vividas durante el tiempo invertido en cada una de las asignaturas para emitir, con todo ello, un juicio sobre su funcionalidad y utilidad profesional y personal.
Sin duda prioricé mi atención sobre lo que, las experiencias que he tenido con cada asignatura, me han hecho sentir al experimentar, conocer y desarrollar los procesos y contenidos que pude identificar en cada una de ellas. Esto me hace consciente de que la valoración que hice sobre todas ellas es subjetiva y propia de lo que cada una de esas materias (y su contacto) ha significado para mí, y que por lo tanto, respecto a la equivalencia compleja de los juicios que emití no existe mejor manera de comprobar la realidad que la de acudir a la propia experimentación.

Mis juicios demandaron la opinión de mi compañera, lo que facilitó el contacto y la relación que establecimos; pero su aportación hizo que tomara consciencia del ORIGEN de los juicios, ya que ella basó su opinión en la experiencia que había tenido hasta el momento, lo que la dotaba del conocimiento obtenido de cada asignatura.
Durante la conversación traté de experimentar las sensaciones y emociones que Celia, aquella desconocida, me describía mientras me contaba sus vivencias en cada asignatura. Al sentir que podía entenderla, comencé a transmitirla el sentido que para mí ha tenido y tiene esta carrera; el significado y valor que le atribuyo gracias a lo que durante estos dos años he podido conocer y experimentar… empecé a mostrarla las emociones que bajo esas paredes he sido capaz de sentir y lo mucho que esas experiencias han significado en mi desarrollo y crecimiento personal. Ella recibía lo que yo la transmitía con empatía.

Sin darnos cuenta conectamos, compartimos experiencias e incluso vivencias íntimas y personales. ¡Y disfruté mucho descubriéndome a alguien desconocido de este modo. Gracias a la utilización de la empatía comprendí que atribuir es algo que hacemos, a veces de manera inconsciente, para darle a cada situación o experiencia el valor o la importancia que para cada uno tiene según sea lo que vemos, conocemos o sentimos en esa realidad; pero no debemos olvidar que esas atribuciones son subjetivas y propias de cada sujeto, pues no existen dos personas que perciban, conozcan, ni sientan del mismo modo; así como tampoco hay dos sujetos que den el mismo significado y valor a una misma situación o experiencia.

Las dos conectamos cómodamente porque compartíamos una misma opinión sobre lo que hablábamos, pero podía no haber sido así. Entonces: ¿la relación que se estableció hubiera significado lo mismo? ¿la conversación hubiera tenido la misma trascendencia? Pienso que no, pues los juicios no compartidos dan lugar a conflictos.

Por todo ello, y habiéndome dado cuenta de que los juicios surgen de las atribuciones que cada sujeto hace sobre la realidad según hayan sido los resultados obtenidos en las experiencias y situaciones mediante las que se ha relacionado con ella, he llegado a la conclusión de que:

“Juzgar es objetivar una opinión basada en la propia experiencia subjetiva del sujeto” lo que nos permite relacionarnos con personas que compartan nuestra misma opinión, pero ¿qué ocurre con los que no lo hacen? ¿Tenemos el derecho de imponer nuestra visión del mundo a aquellos que no la comparten?

En mi opinión, y siempre bajo mi punto de vista, considero que no debemos utilizar los juicios de valor pues anulan la flexibilidad y variabilidad que presentan las diferentes situaciones, contextos, conductas, y experiencias que componen nuestra realidad; así como la diversidad de emociones y sensaciones que una misma realidad puede despertar en las personas que interactúan y experimentan con ella.

¡Un besote Celia! ¡Y muchísimas gracias por tu compañía, tu empatía y tu atención!

Como te dije: “nunca sabes qué es lo que te espera cuando tomas una decisión…yo gracias a una de ellas TE PUDE CONOCER.

¡ESPERO VERTE PRONTO!

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comentarios
  1. Alejandro dice:

    Hola

    No es que no haya que utilizar juicios (o juicios de valor), eso es casi imposible, a no ser que vayas en estado de meditación todo el rato ; )

    El tema es comprobar los juicios, ser consciente de ellos, y del proceso de objetivación que mencionas (muy atinado, por cierto). Al juzgar estás conectando información (información que aprendiste a conectar en algún momento), lo que implica que estás interpretando, construyendo un sentido, un significado. Otra cosa es que ése sea “el significado” o el único significado posible.

    Un saludo

    Alejandro

  2. Carmenchu dice:

    Hola:

    Qué way, esta decisión. y si te hubiera contestado que:
    – No,(TE SENTARÁS ahí)…nos hubiéramos perdido esto, algo seguramente también habríamos ganado.

    Sobre lo que dices de los conflictos, en parte estoy de acuerdo, porque quizás se hubieran gestionado bien, y hubieran surgido otros acercamientos diferentes. Si toleramos las discrepancias, y estamos abiertas a ellas, pues debatimos…y quien sabe…Igual hasta nace algo más profundo…No sé…

    La diferencia, puede aportarnos tanto o más, ya que supondrá, que rompamos esquemas igual para reconstruirlos más fuertes nuevamente.

    yo encantada de leerte y de conocer a Celia ( por nombre ),virtualmente.

    Gracias por este cachito de intimidad, yo puedo contarte la conferencia si quieres, porque gratamente me sorprendió y valioso el ponente en mi opinión. Sobre todo por su experiencia amplia y el gran deseo y habilidad para trasmitirla. Lo mejor su Amor hacia los niños, sin paternalismos, pero con una gran humanidad.

    1 beso y 1 placer

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