CONECTAMOS MIRANDO CON LOS OJOS DEL CORAZÓN

Publicado: marzo 12, 2010 en Uncategorized

 Era un día normal, me disponía a ir a la universidad pero había algo que me hacía sentir diferente: “comenzaban los talleres con los residentes”. Estaba decidida a unirme a mis compañeros de la facultad para acercarme a ese “tipo de personas” procedentes de contextos y realidades tan complejas, pero me frenaban mis miedos. Tenía miedo a no saber controlar una situación incómoda o agresiva que pudiera darse, tenía miedo a no saber conectar con ellos, tenía miedo a no conseguir darles lo que esperaban recibir, pero todos esos miedos eran fruto de los prejuicios y los estereotipos con los que mi mente trabajaba en ese momento.

 Aún así me metí en el coche y tomé el camino hacia la facultad, con el propósito de experimentar lo que se siente cuando se trabaja con residentes.

 En el aula, antes de que llegaran los protagonistas, estaba nerviosa y me inundaba el temor. Cuando entraron por la puerta de la clase, todos nos mostramos expectantes. Recuerdo que me activó una voz llena de vida, llena de vivencias: ¡HOLA, SOY SALVADOR! ¿Qué tal? ¡Venimos de la prisión!

Cuando les ví, pensé por un momento que no sería capaz de estar a la altura de las circunstancias para responder a la situación, pero mis objetivos los tenía claros:”quería aprender de ellos y con ellos” y me motivaba el querer estar allí, explorar y compartir ese tiempo con personas con realidades diferentes a la mía, porque imaginaba y confiaba en que eso me daría y me aportaría muchas cosas. Y no me equivoqué.

 La primera actividad del día fue charlar por parejas ¡debía de hablar con uno de ellos! ¡Qué ilusión tenía!. Me levanté y me dirigí hacia Romero. Nos colocamos en el lugar del aula en el que yo me encontraba situada (quizás necesitaba la seguridad de controlar el espacio) y comencé a preguntarle. A veces los ojos del corazón se anteponen a la mirada de la razón, por eso en ese instante me dí cuenta que la conversación me permitía sensibilizarme más con su experiencia, con su visión del mundo. Romero mostró una actitud educada y respetuosa, eso me permitió falsar el prejuicio que me exponía a la experiencia con cierto miedo. Quizás, su forma de estar ante la actividad, como una persona callada, observadora, tímida y reservada, hizo que mirara y sintiera la actividad sin los miedos a los que parecía estar atada.

 Desde ese primer contacto, desde esa primera conversación, entendí que tenía algo en común con todos los que allí, en aquel aula, en ese momento tenía cerca de mí: “TODOS, ERAN PERSONAS”. Todos tenemos un pasado y un presente, y todos caminábamos hacia un futuro ese día (como en el de hoy). La vida es “la MAYOR DE LAS BATALLAS”, nunca sabemos hacia dónde nos lleva pero siempre debemos adaptarnos a los cambios que se nos generan dentro de nosotros, con los otros y en cada contexto.

Por todo ello, comencé a reflexionar:

  “Los animales sienten y piensan ayudándose de lo que perciben a través de sus ojos, pero no sienten y piensan ayudándose de los ojos del corazón. Las personas damos significado a lo que percibimos, a lo que conocemos, a lo que sentimos… pero no todas percibimos, conocemos y sentimos de la misma forma, por lo que para cada persona cada situación, cada objeto y cada igual tiene un valor determinado. En esos talleres era difícil conectar desde el cómo conocían y percibían su realidad, pues son las oportunidades y las experiencias propias de cada uno lo que responden a ello, y no había dos personas que tuvieran todas sus experiencias idénticas (lo que nos hace especiales a todos), y por tanto no conocíamos y percibíamos igual nuestra realidad. Además cada realidad era diferente entre nosotros, cada uno venía de un entorno, de un contexto. Ese era el elemento desde donde podíamos explorar. Pero ¿cómo?, con la EMPATÍA.

Fue un proceso enriquecedor para todos, y difícil de automatizar para muchos, pero todos los que compartimos esos talleres logramos conectar.

 Los ojos del corazón fueron nuestros instrumentos de actuación dentro del contexto común en el que nos sentimos todos sumergidos en esos días. Todos los usamos para conocernos, para comprendernos y para enseñarnos, pues de la vida también se aprende ya que en cada lucha (en cada adaptación) hay siempre un resultado del que sale siempre un conocimiento personal y propio.

 ¡Gracias a todos/as las que estuvisteis allí, gracias por dejaros ver con mis ojos del corazón y gracias por mirarme con los vuestros!

 PATRICIA

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comentarios
  1. Maria dice:

    Hola Patricia soy María, me ha encantado poder leer lo que has escrito sobre las jornadas con las personas de la cárcel, ya se, porque me lo dijiste el pasado mertes que te daba mucha pena que terminara, pero ahora después de leerte me doy cuenta d elo que ha significado para ti. Gracias por compartirlo con los demás. Un saludo

  2. Paloma dice:

    Aquí estoy de nuevo,Patri.

    Podriamos mirar tu escrito desde las expectativas que tenías, si falsaste o validaste en la experiencia. Tal vez fuiste más allá y también mirar cual era tu motivación.

    Digo esto porque como te estás haciendo una experta en distinciones …quizá quieras verlo con otros ojos.

    Muchos besitos
    Paloma

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