Publicado: febrero 18, 2010 en Uncategorized

¿De qué manera podemos introducir nuevas competencias en el currículum? ¿Cómo debe ser nuestra docencia para poder desarrollar un mayor número de competencias en nuestros alumnos? ¿Y cómo debemos actuar en el aula como docentes para proporcionar a nuestros alumnos el desarrollo de competencias más significativas?

Para comenzar la reflexión me gustaría partir de la necesidad y la demanda que el currículum presenta ante la oportunidad de introducir nuevas competencias. Y es que los alumnos no adquieren con facilidad todas las competencias básicas e incluso no sólo son significativas las que ahora se ofertan, sino que existen muchas otras posibilidades de ofertar herramientas y habilidades favorecedoras del desarrollo personal de nuestros alumnos.

La gestión de la incertidumbre es, en mi opinión, una competencia importante  que podríamos introducir en el currículum para proporcionar a nuestros alumnos las capacidades y habilidades adecuadas con las que conseguir una adaptación confortable a las nuevas situaciones de cambio que se manifiestan continuamente en los diferentes contextos de la vida de un ser humano.

Para responder a las dos preguntas acerca del cómo organizar nuestra acción docente para desarrollar un mayor número de competencias, e incluso unas competencias más signficativas en nuestros alumnos, destacaré el modelo de Perry (que después fué modificado por Kegan).

MODELO DE PERRY (1970)

Perry propuso un modelo teórico para explicar la evolución por la que los estudiantes pasaban a lo largo de su desarrollo madurativo (desarrollo de la complejidad mental del sujeto).

Los niveles que estableció, de menor a mayor fueron:

DUALISMO –>MULTIPLICIDAD –> RELATIVISMO –>COMPROMISO CON EL RELATIVISMO

No todos los estudiantes llegan al cuarto nivel de “compromiso con el relativismo”, pues no todos alcanzan un mismo nivel de complejidad mental. Esta distinción de niveles de complejidad mental (o niveles de conciencia para Kegan) nos distingue a unos de otros en el modo o forma de comprender la realidad o la información que la designa. Pero, ¿Todas las situaciones de complejidad mental demandan el mismo nivel de complejidad mental? No, no todas lo demandan por lo que debemos de presentar la flexibilidad de adaptarnos a los niveles que se nos exijan dependiendo de la situación que vivamos. Es por esta razón, por la que es más enriquecedor  y positivo desarrollar al máximo nuestras capacidades con la intención de llegar a alcanzar un mayor nivel de complejidad mental (o nivel de conciencia) ya que nos permitirá entender la realidad mejor y con un mayor número de matices.

Pero…¿tenemos el mismo nivel de complejidad en todos los ámbitos de nuestra vida? No, ya que cada situación y cada ámbito experiencial nos demanda un determinado nivel de complejidad mental al que se nos pide que nos adaptemos con mayor o menor facilidad. Por tanto, el nivel de complejidad mental (o nivel de consciencia) que sea capaz de alcanzar cada alumno y su control de flexibilidad para adaptarlo a cada demanda en las distintas situaciones y contextos, será lo que le delimite la limitación en su aprendizaje o conocimiento de la realidad.

Las maneras de pensar nos dan las opciones  para flexibilizar nuestra forma de aprender, pero…¿de cuántas maneras de pensar hacemos uso para aprender?, es decir, ¿somos conscientes de las preguntas que nos podemos hacer para pensar en lo que aún no conocemos de la realidad, y en cómo podemos alcanzar ese conocimiento?

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